¿Qué significa el pecado?
El pecado es infracción de la ley. (1 Juan 3:4)
1. Comenzaré el tema ofreciendo algunas definiciones del pecado. “Pecado”, hablando en general, es… “la imperfección y corrupción de la naturaleza de todo hombre que ha sido engendrado naturalmente de los descendientes de Adán; por lo cual el hombre dista de tener la justicia y rectitud original, y está, por su propia naturaleza, predispuesto al mal, de manera que la carne lucha siempre contra el espíritu; y, por lo tanto, cada persona nacida en el mundo merece la ira y condenación de Dios”.1 Pecado es esa enfermedad moral extensa que afecta a toda la raza humana de toda posición, clase, nombre, nación, pueblo y lengua, una enfermedad sin la cual solo uno nació de mujer. ¿Necesito decir que ese Uno es Cristo Jesús el Señor?
I say, furthermore, that “a sin,” to speak more particularly, consists in doing, saying, thinking, or imagining anything that is not in perfect conformity with the mind and Law of God. “Sin,” in short as the Scripture says, is “the transgression of the law” (1Jo 3:4). The slightest outward or inward departure from absolute mathematical parallelism with God’s revealed will and character constitutes a sin, and at once makes us guilty in God’s sight.
2. La pecaminosidad del hombre no comienza de afuera, sino de adentro. No es resultado de una mala formación en los primeros años. No se contagia de las malas compañías y los malos ejemplos, como les gusta decir a algunos cristianos débiles. ¡No! Es una enfermedad de familia, que todos heredamos de Adán y Eva, nuestros primeros padres, y con la cual nacemos. Creados “a la imagen de Dios”, inocentes y rectos al principio, nuestros padres cayeron de la rectitud y justicia original, y pasaron a ser pecadores y corruptos. Y desde ese día hasta ahora, todos los hombres y mujeres nacen caídos, a la imagen de Adán y Eva, y heredan un corazón y naturaleza con una predisposición al mal. “El pecado entró al mundo por un hombre”. “Lo que es nacido de la carne, carne es”. “Éramos por naturaleza hijos de ira”. “Los designios de la carne son enemistad contra Dios”. “Porque de dentro, del corazón… salen los malos pensamientos, los adulterios” y cosas similares (Rom. 5:12 ; Juan 3:6; Ef. 2:3; Rom. 8:7; Mar. 7:21).
3. En cuanto a la extensión de esta extensa enfermedad moral llamada “pecado”, cuidémonos de no equivocarnos. El único fundamento seguro es el que nos presenta las Escrituras. “Todo designio de los pensamientos de su corazón” es por naturaleza “malo” y eso “continuamente” (Gén. 6:5). “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso” (Jer. 17:9). El pecado es una enfermedad que invade y se extiende por cada parte de nuestra fibra moral y cada facultad de nuestra mente. El entendimiento, los afectos, el poder de razonar y la voluntad están todos infectados de un modo u otro. Aun la conciencia está tan ciega que no se puede depender de ella como un guía seguro, y puede llevar a los hombres al mal haciéndolo parecer bien, a menos que sean iluminados por el Espíritu Santo. En suma “desde la planta del pie hasta la cabeza no hay… cosa sana” en nosotros (Isa. 1:6). La enfermedad puede disimularse bajo un velo fino de cortesía, buena educación, buenos modales y decoro exterior, pero duerme en las profundidades del ser… en lo espiritual está totalmente “muerto” y no tiene nada de conocimiento natural, ni amor, ni temor de Dios. Lo mejor del ser humano está entrelazado y entremezclado con corrupción de tal modo que el contraste no hace más que destacar más claramente la verdad y la amplitud de la Caída. Que una misma criatura sea en algunas cosas tan altruista y en otras tan interesada, tan grande en unas y tan poca cosa en otras, a veces tan noble y otras veces tan innoble; tan magnífico en su concepción y ejecución de cosas materiales y sin embargo tan bajo y vil en lo que concierne a sus afectos… todo es una gran enigma para los que desprecian la “Palabra escrita de Dios” y se burlan de nosotros considerándonos idólatras de la Biblia. Pero es un nudo que podemos desatar con la Biblia en nuestras manos…
Let us remember, beside this, that every part of the world bears testimony to the fact that sin is the universal disease of all mankind. Search the globe from east to west and from pole to pole; search every nation of every clime in the four quarters of the earth; search every rank and class in our own country from the highest to the lowest—and under every circumstance and condition, the report will be always the same...Everywhere the human heart is naturally “deceitful above all things, and desperately wicked” (Jer 17:9). For my part, I know no stronger proof of the inspiration of Genesis and the Mosaic account of the origin of man, than the power, extent, and universality of sin...
4. En cuanto a la culpabilidad, vileza y lo ofensivo del pecado ante los ojos de Dios, mis palabras serán pocas… No creo que, por la naturaleza de las cosas, el hombre pueda percibir para nada la pecaminosidad extrema del pecado ante los ojos de ese Ser santo y perfecto con quien tenemos que contender.
We, on the other hand—poor, blind creatures, here today and gone tomorrow, born in sin, surrounded by sinners, living in a constant atmosphere of weakness, infirmity, and imperfection—can form none but the most inadequate conceptions of the hideousness of evil. We have no line to fathom it and no measure by which to gauge it...But let us nevertheless settle it firmly in our minds that sin is “the abominable thing that God hateth”; that God “is of purer eyes than to behold iniquity, and cannot look upon that which is evil”; that the least transgression of God’s Law makes us “guilty of all”; that “the soul that sinneth shall die”; that “the wages of sin is death”; that God will “judge the secrets of men”; that there is a worm that never dies and a fire that is not quenched; that “the wicked shall be turned into hell” and “shall go away into everlasting punishment”; and that “nothing that defiles shall in any wise enter” heaven (Jer 44:4; Hab 1:13; Jam 2:10; Eze 18:4; Rom 6:23; 2:16; Mar 9:44; Psa 9:17; Mat 25:46; Rev 21:27).
No proof of the fullness of sin, after all, is so overwhelming and unanswerable as the Cross and passion of our Lord Jesus Christ, and the whole doctrine of His substitution and atonement. Terribly black must that guilt be for which nothing but the blood of the Son of God could make satisfaction. Heavy must that weight of human sin be which made Jesus groan and sweat drops of blood in agony at Gethsemane and cry at Golgotha, “My God, my God, why hast thou forsaken me?” (Mat 27:46). Nothing, I am convinced, will astonish us so much, when we awake in the resurrection day, as the view we will have of sin and the retrospect we will take of our own countless shortcomings and defects. Never until the hour when Christ comes the second time will we fully realize the “sinfulness of sin.”
5. Queda solo un punto por considerar acerca del tema del pecado… lo engañoso que es. Es un punto de suma importancia, y me atrevo a decir que no recibe la atención que merece. Se ve lo engañoso que es en: 1) la predisposición increíble de los hombres de considerar al pecado menos pecaminoso y peligroso de lo que es a los ojos de Dios, y en lo pronto que pretenden atenuarlo, excusarlo y minimizar su culpabilidad. “¡Es insignificante! ¡Dios es misericordioso! Dios no es tan extremista como para tener en cuenta los errores que cometo! ¡Tenemos buenas intenciones! ¡Uno no puede ser tan puntilloso! ¿Qué tiene de malo? ¡Hacemos lo que hace todo el mundo!” ¿A quién no le resulta familiar este tipo de justificaciones? Las vemos en el montón de palabras y frases suaves que los hombres han acuñado a fin de darles una designación a las cosas que Dios llama totalmente impías y ruinosas para el alma. ¿Qué significan expresiones como “mujer fácil”, “divertido”, “loco”, “inestable”, “desconsiderado” y “tuvo un desliz”.
And now...Let us sit down before the picture of sin displayed to us in the Bible and consider what guilty, vile, corrupt creatures we all are in the sight of God. What need we all have of that entire change of heart called regeneration, new birth, or conversion!...I ask my readers to observe how deeply thankful we ought to be for the glorious gospel of the grace of God. There is a remedy revealed for man’s need, as wide and broad and deep as man’s disease. We need not be afraid to look at sin and study its nature, origin, power, extent, and vileness, if we only look at the same time at the almighty medicine provided for us in the salvation that is in Jesus Christ.
1. El artículo noveno de Book of Common Prayer (Libro de oraciones comunes). Traducción para esta obra. De Holiness (Part One): Its Nature, Hindrances, Difficulties, and Roots (Santidad [Primera parte]: Su naturaleza, obstáculos, dificultades y raíces).
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