CAPÍTULO 24
De las autoridades civiles

1. Dios, el Señor y Rey supremo de todo el mundo, ha establecido a autoridades civiles que, sujetas a Él, gobiernen sobre el pueblo, y que lo hagan para Su propia gloria y el bien público; y con ese fin las ha armado con el poder de la espada, para la defensa y estímulo de los que hacen lo bueno, y para castigo de los que hacen lo malo.

2. Es lícito para los cristianos aceptar y ejercer el oficio de gobernante o funcionario cuando sean llamados a ello. En el ejercicio del mismo deberán mantener especialmente la justicia y la paz según las buenas leyes de cada reino o estado; y con este propósito, ahora en el Nuevo Testamento, pueden hacer la guerra lícitamente en ocasiones justas y necesarias.

3. Habiendo sido colocadas por Dios para los fines ya mencionados, debemos a las autoridades civiles sujeción en el Señor en todas las cosas lícitas que nos ordenen, no solo por causa de la ira, sino también de la consciencia; y debemos elevar súplicas y oraciones por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que bajo su gobierno podamos vivir una vida quieta y reposada, con toda piedad y honestidad.