{"id":21161,"date":"2025-02-12T03:57:23","date_gmt":"2025-02-12T03:57:23","guid":{"rendered":"https:\/\/ibrnb.org\/?p=21161"},"modified":"2025-02-13T18:24:03","modified_gmt":"2025-02-13T18:24:03","slug":"el-menor-de-los-santos-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ibrnb.org\/es\/el-menor-de-los-santos-i\/","title":{"rendered":"El menor de los Santos I"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"21161\" class=\"elementor elementor-21161\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-21212b38 e-con-full e-flex wpr-particle-no wpr-jarallax-no wpr-parallax-no wpr-sticky-section-no wpr-column-slider-no wpr-equal-height-no e-con e-parent\" data-id=\"21212b38\" data-element_type=\"container\" data-e-type=\"container\">\n\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-49bf89ae e-con-full e-flex wpr-particle-no wpr-jarallax-no wpr-parallax-no wpr-sticky-section-no wpr-column-slider-no wpr-equal-height-no e-con e-child\" data-id=\"49bf89ae\" data-element_type=\"container\" data-e-type=\"container\">\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-92ceca2 e-con-full e-flex wpr-particle-no wpr-jarallax-no wpr-parallax-no wpr-sticky-section-no wpr-column-slider-no wpr-equal-height-no e-con e-child\" data-id=\"92ceca2\" data-element_type=\"container\" data-e-type=\"container\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-4baa72c2 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"4baa72c2\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p><em>\u201cEl que quiera hacerse grande entre vosotros ser\u00e1 vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros ser\u00e1 vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos\u201d. <\/em>(Mateo 20:26-28)<\/p><p>Hay una creciente b\u00fasqueda por lo espiritual en nuestros d\u00edas, en donde muchos se han dado cuenta de que este mundo no es sino vanidad de vanidades, y que nuestro coraz\u00f3n solo se regocija con gozo eterno en Cristo. Es algo muy bueno, algo por lo cual debemos agradecer a Dios que nos da de Su lluvia espiritual. Pero hay un peligro en nosotros mismos, del cual debemos cuidarnos, pues puede estropear algo tan hermoso en nuestros corazones, y puede privarnos de disfrutar el fruto en nuestro paladar. Este devorador de cosechas es el orgullo secreto que se esconde a\u00fan en cosas l\u00edcitas y buenas. Como dijo Jonathan Edwards: \u201cEl orgullo puede venir en muchos disfraces, incluso en el de una aparente humildad\u201d.<\/p><p>Algunos han comenzado a anhelar lo espiritual, pero no se han cuidado del orgullo que sigue morando en sus corazones, y sus palabras y acciones, por m\u00e1s bien intencionadas que sean, se ven mezcladas con esta amarga planta de ese sentimiento oculto de superioridad, y el \u201csuave\u201d aire de la jactancia personal secreta arranca de las ramas las peque\u00f1as formaciones a\u00fan verdes de las flores que hubieran podido ser dulces frutos en un futuro. \u00a1Cuid\u00e9monos de esto, hermanos, pues nadie est\u00e1 libre! Quien diga que esto no aplica a \u00e9l, ya ha sido mordido por el orgullo, y su veneno se ha estado esparciendo secretamente por su cuerpo. \u00a1Necesita la medicina de la humillaci\u00f3n, esa que Dios aplica a Sus hijos para que no se entreguen a la locura! Una medicina amarga de probar, pero cuyo resultado es dulce y deleitoso al final.<\/p><p>Aun los siervos m\u00e1s espirituales han tenido que beber esta medicina, para que as\u00ed sean m\u00e1s humildes, m\u00e1s semejantes a Cristo, m\u00e1s parecidos a Dios. Podemos ver al conocido misionero David Brainerd lament\u00e1ndose: \u201cMe sent\u00ed extremadamente deprimido en esp\u00edritu. Me duele y me hiere el coraz\u00f3n el pensar cu\u00e1nta autoexaltaci\u00f3n, orgullo espiritual, ardor de temperamento y tibieza de coraz\u00f3n hab\u00eda mezclado anteriormente con mis esfuerzos para promover la obra de Dios\u2026 \u00abQue el Se\u00f1or me perdone\u201d. Dios le hizo darse cuenta del pecado que estaba cometiendo, a\u00fan en medio de sus esfuerzos por servir a Dios. Y una vez que pudo verlo y luchar contra su orgullo secreto, puede aconsejarnos: \u201cProcurar que los dem\u00e1s noten y admiren nuestra desenvoltura en la religi\u00f3n es una arrogancia abominable\u201d.<\/p><p>Este no es un peligro nuevo, pues Dios habla por medio del profeta Isa\u00edas: \u201c[Aquellos] que dicen: \u201c\u2018Estate en tu lugar, no te acerques a m\u00ed, porque soy m\u00e1s santo que t\u00fa\u2019; \u00e9stos son humo en mi furor, fuego que arde todo el d\u00eda\u201d (Isa. 65:5). Y previo a eso, Dios les hab\u00eda dicho que \u201cen sus ollas hay caldo de cosas inmundas\u201d (vers. 4), pues mezclar el orgullo y la altivez (cosas inmundas) con el servicio a Dios y a Su Hijo (cosas santas) es un pecado abominable. Es el pecado que comet\u00edan los fariseos, pues Jes\u00fas dice que \u201cellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres\u201d, que \u201chacen todas sus obras para ser vistos por los hombres\u201d. Pues ensanchan sus filacterias y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: \u201cRab\u00ed, Rab\u00ed\u2026\u201d \u00a1Quer\u00edan ser conocidos como \u201clos maestros\u201d, los \u201cs\u00faper espirituales\u201d! Pero a nosotros nos advierte de esto, y nos dice: \u201cPero vosotros no quer\u00e1is que os llamen \u2018Rab\u00ed\u2019; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos [Nos pone a todos en un mismo plano]. Y no llam\u00e9is padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que est\u00e1 en los cielos. Ni se\u00e1is llamados maestros, porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece ser\u00e1 humillado, y el que se humilla ser\u00e1 enaltecido\u201d (Mateo 23:5-8).<\/p><p>En el libro 2000 A\u00f1os del Poder de Cristo, Nick Needham, su autor, cita un hermoso extracto de un antiguo libro cl\u00e1sico del siglo XVI:<\/p><p>Un orgullo secreto suele surgir en los principiantes espirituales. Llegan a sentirse satisfechos de s\u00ed mismos y de lo que est\u00e1n haciendo. Empiezan a considerarse a s\u00ed mismos ricos por su fervor espiritual y por sus esfuerzos en la piedad. (Pero a pesar de esto, la verdadera naturaleza de la santidad sigue siendo producir humildad). Pero a causa de la imperfecci\u00f3n en estos principiantes, sienten la necesidad de hablar sobre cosas espirituales delante de los dem\u00e1s e incluso de ense\u00f1ar (cuando deber\u00edan estar aprendiendo). Esto se debe a su vanidad. Condenan en sus corazones a aquellos que no tienen la devoci\u00f3n espiritual que ellos desean tener. A veces incluso hablan como el fariseo que alababa a Dios por sus propias buenas obras y despreciaba al publicano.<\/p><p>El diablo suele trabajar en tales personas para que quieran comportarse de esta manera cada vez m\u00e1s y m\u00e1s. El resultado es que su orgullo y arrogancia crecen. Porque el diablo sabe que tales actividades espirituales no solo son in\u00fatiles, sino que pueden llegar a ser altamente depravadas. Estas personas pueden alcanzar tal grado de maldad, \u00a1que piensan que nadie m\u00e1s, excepto ellos mismos, es bueno! De modo que siempre que surge la oportunidad, condenan y denigran a otros en palabra y en hechos, viendo la paja de aserr\u00edn en el ojo de su hermano, pero ignorando la viga que sobresale de sus propios ojos. Cuelan el mosquito de otra persona y se tragan su propio camello.<\/p><p>Algunas veces, cuando sus supervisores espirituales \u2014[pastores, maestros, hermanos antiguos en la fe]\u2014 no aprueban la actitud o conducta de ellos, entonces suponen que est\u00e1n siendo malinterpretados. Su \u00fanica preocupaci\u00f3n consiste en ganar aplausos y que los tengan en alta consideraci\u00f3n. Como sus supervisores no los aprueban ni est\u00e1n de acuerdo con ellos, entonces llegan a la conclusi\u00f3n de que los propios supervisores no son lo bastante espirituales. De manera que ans\u00edan y buscan a otro, alguien que se adapte mejor a sus gustos. Por lo general, quieren hablar de cosas espirituales con alguien que los alabe. Evitan como a la muerte a aquellos que les se\u00f1alan sus errores e intentan guiarlos a una senda m\u00e1s segura. De hecho, pueden incluso sentir resentimiento contra tales personas. Y as\u00ed, teniendo un concepto demasiado elevado de s\u00ed mismos, naturalmente pretenden y quieren casi todo y no consiguen casi nada. A veces desean mostrar a los dem\u00e1s lo grande que es su propia espiritualidad y piedad, demostr\u00e1rselo a los ojos y o\u00eddos de otros, con gestos, suspiros, etc. A veces experimentan \u00e9xtasis espirituales en p\u00fablico en lugar de hacerlo en soledad. El diablo les echa una mano en estas cosas. Est\u00e1n tan deleitados de llamar la atenci\u00f3n, y anhelan cada vez m\u00e1s este reconocimiento.<\/p><p>\u00a1A cu\u00e1ntos pareciera estar describi\u00e9ndonos en alg\u00fan momento de nuestro caminar! Cuando no vigilamos este peligro latente, seremos como el soldado que se duerme en su puesto de guardia y de pronto, por su propia negligencia, es tomado prisionero por el enemigo\u2026 o asesinado por este. Como dijo Spurgeon: \u201cTodos los d\u00edas debo cortar de mi jard\u00edn la mala hierba del orgullo, pues si no lo hago, \u00a1a la semana la tengo hasta el cuello!\u201d.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-234acefd elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"234acefd\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p><em>Todos los derechos reservados.<\/em><\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl que quiera hacerse grande entre vosotros ser\u00e1 vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros ser\u00e1 vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos\u201d. (Mateo 20:26-28) Hay una creciente b\u00fasqueda por lo espiritual en nuestros d\u00edas, en donde muchos se han dado cuenta de que este mundo no es sino vanidad de vanidades, y que nuestro coraz\u00f3n solo se regocija con gozo eterno en Cristo. Es algo muy bueno, algo por lo cual debemos agradecer a Dios que nos da de Su lluvia espiritual. Pero hay un peligro en nosotros mismos, del cual debemos cuidarnos, pues puede estropear algo tan hermoso en nuestros corazones, y puede privarnos de disfrutar el fruto en nuestro paladar. Este devorador de cosechas es el orgullo secreto que se esconde a\u00fan en cosas l\u00edcitas y buenas. Como dijo Jonathan Edwards: \u201cEl orgullo puede venir en muchos disfraces, incluso en el de una aparente humildad\u201d. Algunos han comenzado a anhelar lo espiritual, pero no se han cuidado del orgullo que sigue morando en sus corazones, y sus palabras y acciones, por m\u00e1s bien intencionadas que sean, se ven mezcladas con esta amarga planta de ese sentimiento oculto de superioridad, y el \u201csuave\u201d aire de la jactancia personal secreta arranca de las ramas las peque\u00f1as formaciones a\u00fan verdes de las flores que hubieran podido ser dulces frutos en un futuro. \u00a1Cuid\u00e9monos de esto, hermanos, pues nadie est\u00e1 libre! Quien diga que esto no aplica a \u00e9l, ya ha sido mordido por el orgullo, y su veneno se ha estado esparciendo secretamente por su cuerpo. \u00a1Necesita la medicina de la humillaci\u00f3n, esa que Dios aplica a Sus hijos para que no se entreguen a la locura! Una medicina amarga de probar, pero cuyo resultado es dulce y deleitoso al final. Aun los siervos m\u00e1s espirituales han tenido que beber esta medicina, para que as\u00ed sean m\u00e1s humildes, m\u00e1s semejantes a Cristo, m\u00e1s parecidos a Dios. Podemos ver al conocido misionero David Brainerd lament\u00e1ndose: \u201cMe sent\u00ed extremadamente deprimido en esp\u00edritu. Me duele y me hiere el coraz\u00f3n el pensar cu\u00e1nta autoexaltaci\u00f3n, orgullo espiritual, ardor de temperamento y tibieza de coraz\u00f3n hab\u00eda mezclado anteriormente con mis esfuerzos para promover la obra de Dios\u2026 \u00abQue el Se\u00f1or me perdone\u201d. Dios le hizo darse cuenta del pecado que estaba cometiendo, a\u00fan en medio de sus esfuerzos por servir a Dios. Y una vez que pudo verlo y luchar contra su orgullo secreto, puede aconsejarnos: \u201cProcurar que los dem\u00e1s noten y admiren nuestra desenvoltura en la religi\u00f3n es una arrogancia abominable\u201d. Este no es un peligro nuevo, pues Dios habla por medio del profeta Isa\u00edas: \u201c[Aquellos] que dicen: \u201c\u2018Estate en tu lugar, no te acerques a m\u00ed, porque soy m\u00e1s santo que t\u00fa\u2019; \u00e9stos son humo en mi furor, fuego que arde todo el d\u00eda\u201d (Isa. 65:5). Y previo a eso, Dios les hab\u00eda dicho que \u201cen sus ollas hay caldo de cosas inmundas\u201d (vers. 4), pues mezclar el orgullo y la altivez (cosas inmundas) con el servicio a Dios y a Su Hijo (cosas santas) es un pecado abominable. Es el pecado que comet\u00edan los fariseos, pues Jes\u00fas dice que \u201cellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres\u201d, que \u201chacen todas sus obras para ser vistos por los hombres\u201d. Pues ensanchan sus filacterias y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: \u201cRab\u00ed, Rab\u00ed\u2026\u201d \u00a1Quer\u00edan ser conocidos como \u201clos maestros\u201d, los \u201cs\u00faper espirituales\u201d! Pero a nosotros nos advierte de esto, y nos dice: \u201cPero vosotros no quer\u00e1is que os llamen \u2018Rab\u00ed\u2019; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos [Nos pone a todos en un mismo plano]. Y no llam\u00e9is padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que est\u00e1 en los cielos. Ni se\u00e1is llamados maestros, porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece ser\u00e1 humillado, y el que se humilla ser\u00e1 enaltecido\u201d (Mateo 23:5-8). En el libro 2000 A\u00f1os del Poder de Cristo, Nick Needham, su autor, cita un hermoso extracto de un antiguo libro cl\u00e1sico del siglo XVI: Un orgullo secreto suele surgir en los principiantes espirituales. Llegan a sentirse satisfechos de s\u00ed mismos y de lo que est\u00e1n haciendo. Empiezan a considerarse a s\u00ed mismos ricos por su fervor espiritual y por sus esfuerzos en la piedad. (Pero a pesar de esto, la verdadera naturaleza de la santidad sigue siendo producir humildad). Pero a causa de la imperfecci\u00f3n en estos principiantes, sienten la necesidad de hablar sobre cosas espirituales delante de los dem\u00e1s e incluso de ense\u00f1ar (cuando deber\u00edan estar aprendiendo). Esto se debe a su vanidad. Condenan en sus corazones a aquellos que no tienen la devoci\u00f3n espiritual que ellos desean tener. A veces incluso hablan como el fariseo que alababa a Dios por sus propias buenas obras y despreciaba al publicano. El diablo suele trabajar en tales personas para que quieran comportarse de esta manera cada vez m\u00e1s y m\u00e1s. El resultado es que su orgullo y arrogancia crecen. Porque el diablo sabe que tales actividades espirituales no solo son in\u00fatiles, sino que pueden llegar a ser altamente depravadas. Estas personas pueden alcanzar tal grado de maldad, \u00a1que piensan que nadie m\u00e1s, excepto ellos mismos, es bueno! De modo que siempre que surge la oportunidad, condenan y denigran a otros en palabra y en hechos, viendo la paja de aserr\u00edn en el ojo de su hermano, pero ignorando la viga que sobresale de sus propios ojos. Cuelan el mosquito de otra persona y se tragan su propio camello. 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(Mateo 20:26-28) Hay una creciente b\u00fasqueda por lo espiritual en nuestros d\u00edas, en donde muchos se han dado cuenta de que este mundo no es sino vanidad de vanidades, y que nuestro coraz\u00f3n solo se regocija con gozo eterno en Cristo. Es algo muy bueno, algo por lo cual debemos agradecer a Dios que nos da de Su lluvia espiritual. Pero hay un peligro en nosotros mismos, del cual debemos cuidarnos, pues puede estropear algo tan hermoso en nuestros corazones, y puede privarnos de disfrutar el fruto en nuestro paladar. Este devorador de cosechas es el orgullo secreto que se esconde a\u00fan en cosas l\u00edcitas y buenas. Como dijo Jonathan Edwards: \u201cEl orgullo puede venir en muchos disfraces, incluso en el de una aparente humildad\u201d. Algunos han comenzado a anhelar lo espiritual, pero no se han cuidado del orgullo que sigue morando en sus corazones, y sus palabras y acciones, por m\u00e1s bien intencionadas que sean, se ven mezcladas con esta amarga planta de ese sentimiento oculto de superioridad, y el \u201csuave\u201d aire de la jactancia personal secreta arranca de las ramas las peque\u00f1as formaciones a\u00fan verdes de las flores que hubieran podido ser dulces frutos en un futuro. \u00a1Cuid\u00e9monos de esto, hermanos, pues nadie est\u00e1 libre! Quien diga que esto no aplica a \u00e9l, ya ha sido mordido por el orgullo, y su veneno se ha estado esparciendo secretamente por su cuerpo. \u00a1Necesita la medicina de la humillaci\u00f3n, esa que Dios aplica a Sus hijos para que no se entreguen a la locura! Una medicina amarga de probar, pero cuyo resultado es dulce y deleitoso al final. Aun los siervos m\u00e1s espirituales han tenido que beber esta medicina, para que as\u00ed sean m\u00e1s humildes, m\u00e1s semejantes a Cristo, m\u00e1s parecidos a Dios. Podemos ver al conocido misionero David Brainerd lament\u00e1ndose: \u201cMe sent\u00ed extremadamente deprimido en esp\u00edritu. Me duele y me hiere el coraz\u00f3n el pensar cu\u00e1nta autoexaltaci\u00f3n, orgullo espiritual, ardor de temperamento y tibieza de coraz\u00f3n hab\u00eda mezclado anteriormente con mis esfuerzos para promover la obra de Dios\u2026 \u00abQue el Se\u00f1or me perdone\u201d. Dios le hizo darse cuenta del pecado que estaba cometiendo, a\u00fan en medio de sus esfuerzos por servir a Dios. Y una vez que pudo verlo y luchar contra su orgullo secreto, puede aconsejarnos: \u201cProcurar que los dem\u00e1s noten y admiren nuestra desenvoltura en la religi\u00f3n es una arrogancia abominable\u201d. Este no es un peligro nuevo, pues Dios habla por medio del profeta Isa\u00edas: \u201c[Aquellos] que dicen: \u201c\u2018Estate en tu lugar, no te acerques a m\u00ed, porque soy m\u00e1s santo que t\u00fa\u2019; \u00e9stos son humo en mi furor, fuego que arde todo el d\u00eda\u201d (Isa. 65:5). Y previo a eso, Dios les hab\u00eda dicho que \u201cen sus ollas hay caldo de cosas inmundas\u201d (vers. 4), pues mezclar el orgullo y la altivez (cosas inmundas) con el servicio a Dios y a Su Hijo (cosas santas) es un pecado abominable. Es el pecado que comet\u00edan los fariseos, pues Jes\u00fas dice que \u201cellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres\u201d, que \u201chacen todas sus obras para ser vistos por los hombres\u201d. Pues ensanchan sus filacterias y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: \u201cRab\u00ed, Rab\u00ed\u2026\u201d \u00a1Quer\u00edan ser conocidos como \u201clos maestros\u201d, los \u201cs\u00faper espirituales\u201d! Pero a nosotros nos advierte de esto, y nos dice: \u201cPero vosotros no quer\u00e1is que os llamen \u2018Rab\u00ed\u2019; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos [Nos pone a todos en un mismo plano]. Y no llam\u00e9is padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que est\u00e1 en los cielos. Ni se\u00e1is llamados maestros, porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece ser\u00e1 humillado, y el que se humilla ser\u00e1 enaltecido\u201d (Mateo 23:5-8). En el libro 2000 A\u00f1os del Poder de Cristo, Nick Needham, su autor, cita un hermoso extracto de un antiguo libro cl\u00e1sico del siglo XVI: Un orgullo secreto suele surgir en los principiantes espirituales. Llegan a sentirse satisfechos de s\u00ed mismos y de lo que est\u00e1n haciendo. Empiezan a considerarse a s\u00ed mismos ricos por su fervor espiritual y por sus esfuerzos en la piedad. (Pero a pesar de esto, la verdadera naturaleza de la santidad sigue siendo producir humildad). Pero a causa de la imperfecci\u00f3n en estos principiantes, sienten la necesidad de hablar sobre cosas espirituales delante de los dem\u00e1s e incluso de ense\u00f1ar (cuando deber\u00edan estar aprendiendo). Esto se debe a su vanidad. Condenan en sus corazones a aquellos que no tienen la devoci\u00f3n espiritual que ellos desean tener. A veces incluso hablan como el fariseo que alababa a Dios por sus propias buenas obras y despreciaba al publicano. El diablo suele trabajar en tales personas para que quieran comportarse de esta manera cada vez m\u00e1s y m\u00e1s. El resultado es que su orgullo y arrogancia crecen. Porque el diablo sabe que tales actividades espirituales no solo son in\u00fatiles, sino que pueden llegar a ser altamente depravadas. Estas personas pueden alcanzar tal grado de maldad, \u00a1que piensan que nadie m\u00e1s, excepto ellos mismos, es bueno! De modo que siempre que surge la oportunidad, condenan y denigran a otros en palabra y en hechos, viendo la paja de aserr\u00edn en el ojo de su hermano, pero ignorando la viga que sobresale de sus propios ojos. Cuelan el mosquito de otra persona y se tragan su propio camello. 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(Mateo 20:26-28) Hay una creciente b\u00fasqueda por lo espiritual en nuestros d\u00edas, en donde muchos se han dado cuenta de que este mundo no es sino vanidad de vanidades, y que nuestro coraz\u00f3n solo se regocija con gozo eterno en Cristo. Es algo muy bueno, algo por lo cual debemos agradecer a Dios que nos da de Su lluvia espiritual. Pero hay un peligro en nosotros mismos, del cual debemos cuidarnos, pues puede estropear algo tan hermoso en nuestros corazones, y puede privarnos de disfrutar el fruto en nuestro paladar. Este devorador de cosechas es el orgullo secreto que se esconde a\u00fan en cosas l\u00edcitas y buenas. Como dijo Jonathan Edwards: \u201cEl orgullo puede venir en muchos disfraces, incluso en el de una aparente humildad\u201d. Algunos han comenzado a anhelar lo espiritual, pero no se han cuidado del orgullo que sigue morando en sus corazones, y sus palabras y acciones, por m\u00e1s bien intencionadas que sean, se ven mezcladas con esta amarga planta de ese sentimiento oculto de superioridad, y el \u201csuave\u201d aire de la jactancia personal secreta arranca de las ramas las peque\u00f1as formaciones a\u00fan verdes de las flores que hubieran podido ser dulces frutos en un futuro. \u00a1Cuid\u00e9monos de esto, hermanos, pues nadie est\u00e1 libre! Quien diga que esto no aplica a \u00e9l, ya ha sido mordido por el orgullo, y su veneno se ha estado esparciendo secretamente por su cuerpo. \u00a1Necesita la medicina de la humillaci\u00f3n, esa que Dios aplica a Sus hijos para que no se entreguen a la locura! Una medicina amarga de probar, pero cuyo resultado es dulce y deleitoso al final. Aun los siervos m\u00e1s espirituales han tenido que beber esta medicina, para que as\u00ed sean m\u00e1s humildes, m\u00e1s semejantes a Cristo, m\u00e1s parecidos a Dios. Podemos ver al conocido misionero David Brainerd lament\u00e1ndose: \u201cMe sent\u00ed extremadamente deprimido en esp\u00edritu. Me duele y me hiere el coraz\u00f3n el pensar cu\u00e1nta autoexaltaci\u00f3n, orgullo espiritual, ardor de temperamento y tibieza de coraz\u00f3n hab\u00eda mezclado anteriormente con mis esfuerzos para promover la obra de Dios\u2026 \u00abQue el Se\u00f1or me perdone\u201d. Dios le hizo darse cuenta del pecado que estaba cometiendo, a\u00fan en medio de sus esfuerzos por servir a Dios. Y una vez que pudo verlo y luchar contra su orgullo secreto, puede aconsejarnos: \u201cProcurar que los dem\u00e1s noten y admiren nuestra desenvoltura en la religi\u00f3n es una arrogancia abominable\u201d. Este no es un peligro nuevo, pues Dios habla por medio del profeta Isa\u00edas: \u201c[Aquellos] que dicen: \u201c\u2018Estate en tu lugar, no te acerques a m\u00ed, porque soy m\u00e1s santo que t\u00fa\u2019; \u00e9stos son humo en mi furor, fuego que arde todo el d\u00eda\u201d (Isa. 65:5). Y previo a eso, Dios les hab\u00eda dicho que \u201cen sus ollas hay caldo de cosas inmundas\u201d (vers. 4), pues mezclar el orgullo y la altivez (cosas inmundas) con el servicio a Dios y a Su Hijo (cosas santas) es un pecado abominable. Es el pecado que comet\u00edan los fariseos, pues Jes\u00fas dice que \u201cellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres\u201d, que \u201chacen todas sus obras para ser vistos por los hombres\u201d. Pues ensanchan sus filacterias y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: \u201cRab\u00ed, Rab\u00ed\u2026\u201d \u00a1Quer\u00edan ser conocidos como \u201clos maestros\u201d, los \u201cs\u00faper espirituales\u201d! Pero a nosotros nos advierte de esto, y nos dice: \u201cPero vosotros no quer\u00e1is que os llamen \u2018Rab\u00ed\u2019; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos [Nos pone a todos en un mismo plano]. Y no llam\u00e9is padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que est\u00e1 en los cielos. Ni se\u00e1is llamados maestros, porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece ser\u00e1 humillado, y el que se humilla ser\u00e1 enaltecido\u201d (Mateo 23:5-8). En el libro 2000 A\u00f1os del Poder de Cristo, Nick Needham, su autor, cita un hermoso extracto de un antiguo libro cl\u00e1sico del siglo XVI: Un orgullo secreto suele surgir en los principiantes espirituales. Llegan a sentirse satisfechos de s\u00ed mismos y de lo que est\u00e1n haciendo. Empiezan a considerarse a s\u00ed mismos ricos por su fervor espiritual y por sus esfuerzos en la piedad. (Pero a pesar de esto, la verdadera naturaleza de la santidad sigue siendo producir humildad). Pero a causa de la imperfecci\u00f3n en estos principiantes, sienten la necesidad de hablar sobre cosas espirituales delante de los dem\u00e1s e incluso de ense\u00f1ar (cuando deber\u00edan estar aprendiendo). Esto se debe a su vanidad. Condenan en sus corazones a aquellos que no tienen la devoci\u00f3n espiritual que ellos desean tener. A veces incluso hablan como el fariseo que alababa a Dios por sus propias buenas obras y despreciaba al publicano. 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