Introducción: La legitimidad y el uso de las confesiones
Cap. 1: Las Santas Escrituras
Cap. 2: De Dios y de la Santa Trinidad
Cap. 3: Del decreto de Dios
Cap. 4: De la creación
Cap. 5: De la divina providencia
Cap. 6: De la Caída del hombre, del pecado y su castigo
Cap. 7: Del pacto de Dios
Cap. 8: De Cristo el Mediador
Cap. 9: Del libre albedrío
Cap. 10: Del llamamiento eficaz
Cap. 11: De la justificación
Cap. 12: De la adopción
Cap. 13: De la santificación
Cap. 14: De la fe salvadora
Cap. 15: Del arrepentimiento para vida y salvación
Cap. 16: De las buenas obras
Cap. 17: De la perseverancia de los santos
Cap. 18: De la seguridad de la gracia y de la salvación
Cap. 19: De la ley de Dios
Cap. 20: Del evangelio y del alcance de su gracia
Cap. 21: De la libertad cristiana y de la libertad de conciencia
Cap. 22: De la adoración religiosa y del día de reposo
Cap. 23: De los juramentos y votos lícitos
Cap. 24: De las autoridades civiles
Cap. 25: Del matrimonio
Cap. 26: De la Iglesia
Cap. 27: De la comunión de los santos
Cap. 28: Del bautismo y la Cena del Señor
Cap. 29: Del bautismo
Cap. 30: De la Cena del Señor
Cap. 31: Del estado del hombre después de la muerte y de la resurrección de los muertos
Cap. 32: Del juicio final
CAPÍTULO 25
Del matrimonio
1. El matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer; no es lícito para ningún hombre tener más de una esposa, ni para una mujer tener más de un esposo a la vez.
2. El matrimonio fue ordenado para la ayuda mutua entre el esposo y la esposa, para el aumento de la humanidad con descendientes legítimos, y para la prevención de la impureza.
3. Es legítimo que todo tipo de personas se casen, si son capaces de dar su consentimiento con sano juicio; sin embargo, es el deber de los cristianos casarse en el Señor y, por tanto, aquellos que profesan la religión verdadera no deben casarse con incrédulos ni con idólatras; ni deben los piadosos unirse en yugo desigual, casándose con aquellos que son impíos en sus vidas, o que sostienen herejías destructoras.
4. El matrimonio no debe ocurrir dentro de los niveles de consanguinidad o afinidad prohibidos en la Palabra; ni tampoco deben ser legitimados los matrimonios incestuosos, por ninguna ley humana ni por el consentimiento de las partes, de modo que esas personas puedan vivir juntas como marido y mujer.