CAPÍTULO 22
De la adoración religiosa y del día de reposo

1. La luz de la naturaleza demuestra que hay un Dios que tiene señorío y soberanía sobre todos. Él es justo y bueno, y hace bien a todos. Por lo cual, debe ser temido, amado, alabado, invocado, se debe confiar en Él y debe ser servido con todo el corazón,  con toda el alma y con toda la fuerza. Pero el modo aceptable de adorar al Dios verdadero es instituido por Él, y está delimitado por Su propia voluntad revelada. De manera que no puede ser adorado según imaginación o invenciones de los hombres, ni según las sugerencias de Satanás, ni por medio de ninguna representación visible, ni de ningún otro modo que no haya sido prescrito en las Santas Escrituras.

2. La adoración religiosa debe ser ofrecida a Dios el Padre, Hijo y Espíritu Santo, y solamente a Él; no a los ángeles, ni a los santos, ni a ninguna otra criatura; y desde la caída la adoración no es ofrecida sin un mediador, ni a través de la mediación de otro, sino únicamente Cristo.

3. La oración con acción de gracias es un elemento natural de la adoración y es requerida por Dios a todos los hombres. Pero para ser aceptable, debe ser hecha en el nombre del Hijo, por la ayuda del Espíritu, según Su voluntad. Debe ir acompañada de entendimiento, reverencia, humildad, fervor, fe, amor y perseverancia; y cuando se hace con otros, debe ser hecha en un idioma conocido.

4. La oración debe hacerse por cosas lícitas, y por todo tipo de personas vivas o que vivirán más adelante; pero no debe hacerse por los muertos, ni por aquellos de quienes se sepa que han cometido el pecado de muerte.

5. Los elementos de la adoración religiosa a Dios son la lectura de las Escrituras, la predicación y el escuchar la palabra de Dios, la enseñanza y amonestación de los unos a los otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando con gracia en nuestros corazones al Señor; igualmente la administración del bautismo y de la Cena del Señor. Estos deben llevarse a cabo en obediencia a Él, con entendimiento, fe, reverencia y santo temor. En ocasiones especiales también se debe utilizar de un modo santo y religioso la humillación solemne, junto con ayunos y acciones de gracias.

6. Bajo el evangelio, ni la oración ni ninguna otra parte de la adoración religiosa está circunscrita o es hecha más aceptable por el lugar en el que es realizada o por el lugar hacia el que está dirigida. Antes bien, Dios debe ser adorado en todas partes en espíritu y en verdad, tanto en familias privadas cada día, como en secreto cada uno por sí mismo; pero también de una manera más solemne en las reuniones públicas, las cuales no deben ser descuidadas ni abandonadas, ya sea por negligencia o de manera intencional, cuando Dios nos llama a ello por Su Palabra o por la providencia.

7. Así como es ley de la naturaleza que, en general, se dedique una proporción de tiempo, por arreglo de Dios, sea apartada para la adoración a Dios, del mismo modo, por Su Palabra, en un mandamiento positivo moral y perpetuo que obliga a todos los hombres de todas las edades, Él ha señalado un día de cada siete como reposo para ser guardado santo para Él, el cual desde el principio del mundo hasta la resurrección de Cristo fue el último día de la semana, y a partir de la resurrección de Cristo fue cambiado al primer día de la semana, el cual es llamado el Día del Señor, y debe continuar como el Día de Reposo cristiano hasta el fin del mundo, quedando abolida la observancia del último día de la semana.

8. El Día de Reposo es, por tanto, guardado santo para el Señor, cuando los hombres, luego de la debida preparación de sus corazones y del ordenamiento anticipado de sus propios asuntos, no solo observan un santo reposo de todas sus obras, palabras y pensamientos con respecto a sus ocupaciones y recreaciones seculares durante todo el día, sino que también ocupan todo el tiempo en ejercicios públicos y privados de Su adoración, y en los deberes de necesidad y misericordia.